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El año 1880, Alcover recibió enseñanzas de dos de los profesores más preparados del Seminario, Antoni Lladó y Pere Amengual, que muy probablemente influyeron en el hecho de que Alcover tomara gusto por la geometría y las ciencias exactas aplicadas, especialmente en el dibujo artístico y técnico. A finales de este año, además, conoció al poeta Miquel Costa i Llobera, cuando se apuntó a la academia de dibujo y pintura de Francesc Mestre. De sus dibujos se conservan algunos libros de notas y algunas pinturas al oleo, de tema religioso principalmente. Los dibujos de figuras de Alcover son de una calidad estimable, y los dibujos técnicos demuestran un conocimiento sólido del dibujo lineal y del uso del instrumental que se hacía servir en los estudios de diseño de su tiempo.

Cuando viajaba por Cataluña y el Pirineo, Alcover se fijaba atentamente en las iglesias románicas y tomaba anotaciones descriptivas y gráficas. Fue un enamorado del románico. De hecho, aplicó sus conocimientos a la construcción de diversas iglesias y templos. Posiblemente estaba influido por lo que se escribía sobre arte y arquitectura en las revistas costumbristas de la época, como La Dulzaina y la Revista Balear de literatura, ciencias y artes, en las que escribía Miquel Ferrà, maestro de obras de arquitectura entre otras cosas, y Pere Alcántara Penya, maestro mayor de fortificaciones; futuros amigos, colaboradores y maestros de Alcover en muchos aspectos. También encontramos otras influencias, como la del pintor y teórico del arte Joan Oneill, compañero de ideales carlistas de Alcover.

Alcover se interesaba para estar al día de los gustos y las técnicas arquitectónicas. Hay constancia de que compró los libros del arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc, que tubo una gran influencia como teórico de la arquitectura y arquitecto restaurador entre el clero católico europeo de finales del XIX y principios del XX. Los proyectos de constructor de Alcover están impregnados de reminiscencias del románico pirenaico que lo había cautivado a lo largo de sus viajes.

Entre los edificios y monumentos en cuya construcción o restauración intervino Alcover, destaca la iglesia y vicaria de Sant Miquel de son Carrió, en Sant Llorenç, que fue la primera edificación en la que participó. También la reforma del oratorio de son Negre, en Manacor, la iglesia de Calonge, en Santanyí, la reforma de la catedral de Palma, la Capella de la Pedra Sagrada de Santa Ponça o el sepulcro de Ramon Llull en la iglesia de Sant Francesc de Palma.


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