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Alcover llegó a la lingüística a partir del folclore, ya que se dio cuenta de que una multitud de palabras arcaicas y dialectales no se hallaba en los diccionarios mallorquines: de aquí surgió la idea de hacer un nuevo diccionario. Por otro lado, pocos años después de la muerte de Marià Aguiló en 1897, Alcover constató que su diccionario permanecía sin publicar. Estos años, pues, se gestó el proyecto de la Obra del Diccionario.

El año 1900, Alcover elaboró la Lletra de Convit (Letra de invitación), documento que sirvió de base para los trabajos de recopilación de los materiales que constituyeron el futuro Diccionari català-valencià-balear (Diccionario catalán-valenciano-balear). Las primeras reuniones para la elaboración del diccionario se celebraron en el Palacio episcopal, donde Alcover leyó la Lletra de Convit (Letra de invitación), invitación pública a colaborar en un diccionario exhaustivo de la lengua. Así pues, la empresa nacía vinculada a la Iglesia. Alcover enfocó la búsqueda lingüística des de la perspectiva de la empresa colectiva. Desde un inicio, tubo conciencia de la unidad de las tierras del Principado, del Rosellón, de las Islas Baleares, del Reino de Valencia y de la ciudad del Alguer. El proyecto tubo una gran repercusión. El objetivo era conseguir un diccionario de la lengua catalana con todas las palabras, antiguas y modernas, habladas y escritas, de todos sitios de los países catalanes. El propósito se llamó “una obra de titanes”, aparentemente imposible de conseguir y de una enorme dificultad.

En 1901, se hizo una reunión multitudinaria en la Sala de Obispos del Palacio episcopal de Mallorca y se propuso publicar el Bolletí del Diccionari de la Llengua Catalana (Boletín del Diccionario de la Lengua Catalana) (1901-1936), que fue la primera revista de estudios filológicos del Estado. El boletín fue una herramienta de enlace entre Alcover y sus colaboradores y corresponsales y también sirvió para publicar estudios sobre lingüística románica y catalana, principalmente para instruir a los integrantes del proyecto. En el primer volumen, Alcover publicó las Qüestions de llengua i literatura catalana (Cuestiones de lengua y literatura catalana), que le otorgaron un gran prestigio. Más adelante, publicó Un poc de dialectologia catalana (Un poco de dialectología catalana), que para Wilhelm Meyer-Lübke constituyó la fundación de la dialectología catalana.

En 1921, Francesc de Borja Moll se trasladó a Mallorca, enviado a buscar por Antoni M. Alcover, y se incorporó a las tareas del diccionario. De hecho, fue quien acabó el Diccionari català-valencià-balear (Diccionario catalán-valenciano-balear) después de la muerte de Alcover el año 1932.

La obra magna de Antoni M. Alcover fue el gran diccionario, un inventario lexical alfabético de la lengua catalana en diez volúmenes, redactado por él mismo y completado por Francesc de Borja Moll. El primer volumen apareció, por entregas, entre el 1926 y el 1930, y el segundo volumen se publicó el 1934, antes de la guerra. Se reemprendió el 1950, con la aparición del tercer volumen; el último se publicó el año 1962.

Su particularidad principal es que se trata de una obra muy completa que recoge tanto los vocablos de la lengua oral como los de la escrita, tanto literarios como coloquiales, de todas las épocas y de todos los puntos del dominio lingüístico catalán, con acepciones que se refieren a las comarcas y pueblos de donde provienen, con las diferentes pronuncias y etimologías, con refranes, frases hechas, con referencias al folclore y a las costumbres y con la equivalencia castellana. Por sus dimensiones y por la calidad de la investigación es, aún hoy, la empresa lingüística más grande de las lenguas románicas, una obra única en Europa.


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