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El Aplec de rondalles mallorquines d'en Jordi des Racó (Colección de cuentos populares mallorquines de En Jordi des Racó) fue fruto del conocimiento del mundo mallorquín de Antoni M. Alcover, tanto del campo como de la ciudad, y se inscribió en un momento en el que la lengua catalana era reclamada en las escuelas por políticos y pedagogos. Las rondalles (cuentos populares) supusieron la recreación de todo un mundo que pertenecía al imaginario colectivo del pueblo y a unas raíces culturales de origen más lejano.

Las primeras inquietudes literarias de Alcover se manifestaron a través de una serie de narraciones de tipo popular, que escribió en castellano a imitación de los cuentos de Antonio de Trueba, escritor por el cual sentía admiración.

Hacia el 1880, Antoni M. Alcover conoció a Miquel Costa i Llobera, Bartomeu Ferrà, Tomàs Aguiló, Josep M. Quadrado, Gabriel Maura... todos personas muy importantes en el mundo de las letras y la erudición de su tiempo. El contacto con estos intelectuales le hizo ver las posibilidades literarias de la lengua catalana y, poco a poco, descubrió el tesoro inmenso de vocabulario y de formas idiomáticas que se encontraba en el espíritu de los campesinos y que brollaba de la boca de la gente humilde y analfabeta.

El 1880, Alcover publicó en L'Ignorància (La Ignorancia) el cuento Es jai de sa barraqueta (El anciano de la barraquita), el primero de todos, firmado con el seudónimo En Jordi des Racó, costumbre del semanario humorístico.

La idea de llevar a cabo una recopilación extensa de cuentos populares de Mallorca le vino el verano de 1889. Explica que uno de los motivos fue el siguiente: “Compadecido de ver como día a día los arrinconaban por otras distracciones no tan inofensivas […] me vino la idea de entretenerme durante las vacaciones de cátedra […] en recoger de boca de la gente analfabeta estos cuentos” y también “por amor a los mismos cuentos populares, para salvarlos de la desaparición”.

El año 1890 reemprendió la labor de recopilación de cuentos y participó en la fundación de la revista El eco del santuario, de carácter principalmente religioso. Publicó los primeros cuentos en esta revista, aunque se dejó de publicar en 1891. Alcover continuó publicando los cuentos populares mallorquines en el Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana.

El año 1896 se publicó el primer volumen del Aplec de rondalles mallorquines d'en Jordi des Racó (Colección de cuentos populares mallorquines de En Jordi des Racó). En el prólogo de este primer volumen explica el proceso que siguió en la elaboración de las rondalles (cuentos populares) y indicó que los informadores eran sus padres, hermanos y trabajadores del campo, y todos los amigos y conocidos que sabían, así como aquellas personas que tenían fama de hábiles en materia de cuentos. La recepción inesperada de los cuentos hizo que pronto se publicaran nuevos volúmenes: el segundo el año 1897, el tercero el 1898, el cuarto el 1904, etc.

Este tesoro folclórico siempre ha interesado tanto a la gente de Mallorca como a la de fuera, por eso las rondalles (cuentos populares) se han traducido al castellano, al alemán, al inglés, al francés, al rumano, al checo, al ruso, al japonés...

La colección consta de más de cuatrocientos títulos correspondientes a materiales narrativos diversos publicados en una edición popular de veinticuatro tomos. Podemos afirmar que se trata del primer superventas de la literatura de las Islas Baleares de todos los tiempos, ya que se han editado miles y miles de volúmenes y se ha considerado el clásico por excelencia de sus letras. Al fin y al cabo, los cuentos populares mallorquines recuperaron el antiguo imaginario del pueblo y hicieron revivir a sus personajes y ocurrencias. Por esta obra de recopilación y publicación de los cuentos populares, Alcover figura entre los principales folcloristas europeos, al lado de Charles Perrault, los hermanos Grimm o Alexander Afanasiev.


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