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Antoni M. Alcover, figura polifacética, fue investigador de temas de historia y cultura de las Islas Baleares. El año 1899 fue nombrado vicepresidente de la Sociedad Arqueológica Luliana. De hecho, gracias a su empuje se publicaron once volúmenes lulianos que han hecho que hoy en día podamos tener fácilmente en las manos numerosas obras del gran sabio mallorquín Ramon Llull. Además, fue presidente durante muchos años de la Junta del Patronato del Museo Arqueológico Diocesano; allí pronunció y organizó una larga serie de ciclos de conferencias que fueron, alrededor de 1920, la tarea de difusión cultural más importante de Palma.

Por todo esto, lo podemos considerar un gran dinamizador cultural interesado por temas de historia, filosofía o teología, con una extraordinaria capacidad de trabajo y un don especial para conseguir implicar auténticas multitudes en los proyectos que acometía.

Por otro lado, Alcover colaboró en publicaciones periódicas y incluso dirigió algunas. En 1884, aceptó publicar en el semanario El Tambor, de ideología integrista. En 1885 empezó a colaborar en El Áncora, periódico católico de faceta polémica fundado en 1880 por Miquel Maura. Maura lo dirigió hasta el 1886, cuando fue sucedido por Alcover, hasta el 1900, año en el cual el periódico fue clausurado por el obispo Campins. El año 1890 participó en la fundación de la revista El eco del santuario, de carácter principalmente religioso. Aquí publicó sus primeras rondalles (cuentos populares), aunque se dejó de publicar en 1891. Después, Alcover continuó publicando los cuentos en el Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana.

Alcover plasmó los objetivos, las descripciones geográficas y las anécdotas de los viajes filológicos en diversos dietarios, que se publicaron mayoritariamente en las páginas del Bolletí del Diccionari de la Llengua Catalana (Boletín del Diccionario de la Lengua Catalana), pero también hay de editados en el Diario de Mallorca, la Gaceta de Mallorca y La Aurora.

De hecho, Alcover publicó en La Aurora, semanario de Manacor, entre los años 1910 y 1916. En la faceta de polemista, vemos que se manifiesta su ideario religioso y político -bajo el seudónimo de En revenjolí. La etapa en la que Alcover participó en La Aurora coincidió con sus años de máximo prestigio; el año anterior, el 1909, había editado el quinto volumen del Aplec de Rondalles Mallorquines (Colección de cuentos populares mallorquines). Los años 1910-1911 salió publicado el VI tomo del Bolletí del Diccionari de la Llengua Catalana (Boletín del Diccionario de la Lengua Catalana). El 1912 protagonizó la segunda salida por tierras de Europa, para consolidar su formación filológica. El año siguiente emprendió la última salida por Francia, Suiza y Italia. Ambos viajes al extranjero son relatados puntualmente en La Aurora.

En cuanto a la obra epistolar de Antoni M. Alcover, llega a más de 15.000 cartas. En éstas, hallamos tanto contenidos científicos como literarios y populares, y también correspondencia familiar. Son una prueba más de la inmensa capacidad de este gran personaje, de este trabajador incansable.


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